17 octubre 2008

LIMPIANDO MENTE Y HOGAR




Confieso que cuando en el mes de marzo me propuse fehacientemente comenzar a hacer limpieza de trastos en casa y de pensamientos innecesarios en la mente, me parecía mucho más difícil lo primero. Ahora, y a pesar del caos que constituye rehabilitar y limpiar una casa de trastos viejos, estoy convencida que es más fácil lo primero que lo segundo.


Fui acumulando tantos años de objetos y cosas que “quizás” podría volver a usar, podría arreglar, podría servirme para un futuro, o simplemente era un recuerdo o algo que me habían regalado (aunque no me gustara y estuviera guardado en un arcón), que no sabía ni por donde comenzar.


Lo más normal era comenzar por la terraza, aprovechando que venía el buen tiempo. Como normalmente sería fácil comenzar también a limpiar recuerdos que ya no tenían sentido en mi memoria, o sueños que nunca se cumplirán, y que han cambiado, porque han cambiado mis prioridades.


Tirar las plantas muertas, limpiar los muebles de terraza, pintar las paredes, poner todo en un orden cómodo y bonito, donde pudiera disfrutarse de los momentos de Sol y buen tiempo, me llevó casi un mes. Y de hecho, aun hace poco, estuve terminando de tirar bolsas de artículos que sobraban y no me son útiles ahora ni en el futuro. Luego le tocó el turno al comedor-salon de juegos de Alex y que está justo pegado a la terraza. Pintar las pequeñas terrazas y eliminar el musgo y la basura caída en el invierno de los techos. Poner todo más o menos decente y bonito a “mi gusto”, no ha sido tan fácil como pensaba. Mientras tanto, en mi mente también intentaba borrar pensamientos que no tenían sentido, y sustituírlos por otros más positivos, más armónicos, más presentes con la realidad actual, con mi realidad actual.


Una noche de insomnio se me dió por cambiar el despacho de sitio, a una habitación en la entrada mucho más amplia y luminosa. Quedó espectacular. Me encanta. Tiene otro brillo, otro “glamour”, otra clase. Es tal cual lo quería desde hacía años. Me siento allí, y a excepción del sillón, que tengo que cambiarlo porque éste es incomodísimo, es un despacho absolutamente acogedor y lleno de luz, donde dá gusto estar y permanecer, trabajar y desarrollar la creatividad en todo lo que se haga. Siempre quise un despacho así, y lo conseguí tan sólo con cambiar los muebles de una habitación a otra. Me encanta.


La habitación donde antes estaba el despacho, momentaneamente (porque algún día se supone será una sala de espera) es ahora la habitación de visitas. Y también debo confesar que me gusta como ha quedado. Todo está tomando su sitio.


La habitación de la plancha fué otra locura. Decidí vaciarla por completo, arreglar las paredes y pintarla de ROSADO... horrible!!! la primera impresión fue HORRIBLE!!! Alex me decía “está rosada, rosada cursi, rosada, parece la habitación de una bebé”. Por suerte, al volver a poner las cortinas blancas, recien lavadas, los muebles y colocar una cama grande allí, se vé absolutamente distinta y preciosa. También llena de luz, y el color le dá una vida impresionante.


Mi mente va tirando cosas, pensamientos negativos, y creencias nocivas al tiempo que voy haciendo las remodelaciones. Incluso cuando para ello creo primero un caos total, cada vez que aplico el principio de vacío en una habitación, hasta que coloco todo en su sitio y elimino lo más superfluo.


Mantenerme ocupada en ello, además de estar en el despacho, llevando los asuntos que van llegando, van poco a poco devolviéndome la alegría.


Sé que aun me queda mucho por arreglar en casa, por rehabilitar, por mejorar, por poner a mi gusto, para verlo bello. En este tiempo, si tengo que hacer un cálculo, sólo he mejorado un 30% de lo que quiero, tanto en casa, como mentalmente. Pero vale la pena. Cuanto más cómoda estoy en mi propia casa, más cómoda me siento conmigo misma. Y no me importa si el verde es muy chillón, o el rosa es muy cursi, o si el naranja es potente, a mi me gusta!!! Y no me importa si no se ven mis cambios tan rápidamente como “deberían”, lo que estoy viendo en mí, lo que he adelantado en mí, a mi me encanta!!! Y saber que estoy en el camino, a mi ritmo, a mi paso, aunque a los demás les parezca demasiado lento, es buenísimo, porque sigo en el camino, porque voy un paso detrás del otro, porque se que todo se solucionará y que será lo que yo quiero que sea, hoy y siempre.


Siento no ser lo que los demás esperan de mí, pero soy yo misma, sigo mis propias reglas, acepto y agradezco los consejos que me ayudan, y recorro mi propio camino.


Ahh!!! Estoy encantada... entre que desde agosto tomo sólo la mitad de la medicación (y me sigo sintiendo bien) y estoy haciendo tanto movimiento con las reformas, he adelgazado una talla!!! Así que todo va viento en popa!



Muchos besos, mimos y caricias

Tumejoramig@